¿Sabían que Tim Duncan – el hombre considerado por muchos como el mejor jugador de la primera década del 2000 y el mejor delantero de poder de la historia – promedió apenas 15 puntos en los juegos 3 y 4 de las finales del 2005 y acertó sólo 10 de sus 32 lanzamientos? Y que en el decisivo séptimo encuentro encestó únicamente 10 de sus 27 disparos.


¿Se acuerdan de eso o más bien de que fue el ganador del premio al Jugador Más Valioso (MVP) de las finales y que obtuvo su tercer anillo? ¿Recuerdan que Duncan sólo acertó 10 de sus 32 disparos en los dos últimos partidos de las finales del 2007 o solamente de que logró su cuarto anillo?

¿Y qué podemos decir del ‘dios’ Michael Jordan? Del año 1998 recordamos que logró su tercer campeonato consecutivo y del tiro ganador del sexto encuentro. No obstante, olvidamos que en el quinto partido, en casa y con la posibilidad de ganar el título ante los Jazz, MJ apenas encestó 9 de sus 26 tiros, con cuatro pérdidas de balón. Tampoco recordamos que en la serie previa de ese año frente a los Pacers, Jordan sólo metió 9 de sus 25 lanzamientos en el séptimo choque. Apenas nos acordamos que los Bulls ganaron y avanzaron a las finales.

¿Recordamos que Jordan acertó únicamente 5 de sus 19 disparos y que tuvo cinco pérdidas de balón en el decisivo sexto encuentro de las finales de 1996? No. Nos acordamos que los Bulls lograron el título, a pesar de esa actuación del gran Michael.

Magic Johnson, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Jerry West – podemos decir lo mismo de cada uno de "los grandes más grandes" en la historia de la NBA. Durante sus carreras hubo partidos clave en los que los mejores jugadores, atípicamente, tuvieron una floja actuación. Pero, al final, simplemente recordamos los triunfos que lograron.

Traje este tema de debate por la ridícula reacción que causó la actuación de Kobe Bryant en el séptimo encuentro de estas finales, en el que acertó el 25 por ciento de sus disparos y perdió el balón cuatro veces. En gran parte del partido, la crítica mordaz estuvo allí. Incluso yo coloqué en Twitter que estaba jugando como Ruben Patterson.

Pero una vez que terminó el partido y Kobe obtuvo su quinto anillo, los malos comentarios siguieron acumulándose, e incluso llegaron a decir que su actuación en el séptimo partido manchó su anillo y, por ende, su legado. Eso es intolerable. Y en principio lo es porque Lakers ganaron el campeonato, también porque los 23 puntos de Kobe en ese choque fueron típicos de un hombre merecedor del premio MVP. También es insoportable porque la historia nos ha mostrado que, como humanos y fanáticos por el deporte, el tiempo borra los detalles. Recordamos a Jerry West como "El Logotipo", no como el perdedor de ocho de las nueve finales que disputó.

Claro, tenemos la tendencia de juzgar de forma distinta a Kobe. Aunque algunos trataban de reducir el aporte de Kobe en el quinto título, otros estaban dispuestos a borrar el tatuaje viejo de Magic Johnson – el jugador que tiene una estatua en las afueras del Staples Center – y designar a Kobe como "el mejor jugador en la historia de los Lakers".

Lo lamento, chicos, pero, a menos de que Kobe gane unos tres títulos más, él no será un mejor Laker que Magic, pues ya sabemos que Bryant produce amores y odios. Pero una persona más sobria resumiría su carrera diciendo esto: Es mejor que todos, menos algunos extraordinarios grandes jugadores que han practicado el baloncesto. Oficialmente llegó a ese punto – BIEN MERECIDO – la semana pasada.

En unos cinco años probablemente recordaremos las finales del 2010 como un momento decisivo para Kobe, el instante en el que estableció plenamente su legado y le puso su propia firma. Pocas veces durante los primeros siete años de la carrera de Kobe se le conoció únicamente como "Kobe" – se le reconocía más bien como "Kobe, el próximo Jordan" o "Shaq y Kobe." Y, luego, se gastó cinco años eludiendo a los que decían: "arruinaste lo de 'Shaq y Kobe'" y/o "nunca serás como MJ". Pateó la sombra de O’Neal y a los que afirmaban que "nunca ganaría un título sin la ayuda de Shaq" la temporada anterior al lograr su cuarto anillo. Ahora, con su quinto aro dorado, camina hacia una línea paralela con Jordan.

Y no es simplemente por la cuestión de los anillos. Es mucho más que eso. MJ era MJ. Kobe es Kobe. Tomen un rato de su tiempo y miren al Kobe de hoy. El ‘Joven Kobe’ sacaba su lengua mientras iba con dirección al aro. Eso ya no existe. El ‘Joven Kobe’ hablaba – con el tono, ritmo, todo – igual a Mike. Ya no más. El ‘Joven Kobe’ trataba de actuar como Mike. Ahora, los gestos de Kobe tienen su propia personalidad dentro de la NBA.

Y observen como camina. Kobe imitaba el andar de MJ. Pero en algún momento durante los últimos dos años, incluso cambió su manera de caminar. Él se interpreta a sí mismo. Si ustedes siguen evaluando la carrera de Kobe con el contexto de ser el "próximo Jordan", entonces no sólo van en la dirección incorrecta, están mirando el punto equivocado y, por ende, se lo están perdiendo. Se están perdiendo el hecho de ser testigos y apreciar, en tiempo real, una de las carreras más grandiosas en la historia del deporte profesional. Estamos hablando de una trayectoria de 15 años, cinco campeonatos, dos veces ganador del premio como Jugador Más Valioso y medallista de oro olímpica.

Ahora Kobe es el líder y súper estrella de está dinastía (sí, tres viajes consecutivos a las finales y dos campoenatos seguidos hace de estos Lakers una dinastía). Y este es más o menos el décimo mes de junio en fila donde el nombre "Kobe" es mencionado por consenso general o como la respuesta más práctica a la pregunta "¿Quién es el mejor jugador de baloncesto del planeta?" Nada de su actuación en el séptimo partido empañará el impacto de su legado. Simplemente lo ganó. (NBA.com en Español)